Martes, 09 de agosto de 2005
Los barrios ubicados en el extremo Sur de la ciudad padecen los embates de la contaminación producida por los líquidos cloacales vertidos por las cañerías de desagüe de ese servicio y también los daños ocasionados por los residuos del basurero municipal. Sus habitantes tienen problemas epidérmicos y pulmonares por vivir expuestos a un ambiente insalubre, que se puede extender a todo el casco urbano.
Si algún vecino de la Ciudad de Corrientes expresa que vive en un basurero urbano no está equivocado. Si otro señala que habita una ribera atestada de materia fecal, tampoco extraña a nadie. Sin embargo los estamentos y autoridades responsables de hacerles la vida más digna a todos los capitalinos no acusan recibo de tales padecimientos. En ediciones anteriores se dio cuenta, a través de este medio, el lamentable estado en el que viven los pobladores de la extensa ribera denominada Costanera Sur, más precisamente en el asentamiento Virgen de los Dolores. Allí familias enteras padecen problemas de piel por estar a merced de los afluentes cloacales volcados al río por una de las viejas cañerías de la ciudad.
Un poco más al sur del ejido capitalino, se hallan los barrios Alta Gracia y Río Paraná, cuya situación es aún más complicada, ya que en sus costas, compuestas por densos arenales, yacen dispersos: afluentes cloacales, basura domiciliaria y hasta patológica, creando una mixtura de desechos nauseabundos y altamente peligrosos para la salud.
El panorama, por cierto preocupante, se acrecienta en ese punto de la ciudad que de un tiempo a está parte se convirtió en el coladero de todos los desperdicios domiciliarios producido en la Capital correntina.
Al igual que en Virgen de los Dolores, la carencia de un sistema de tratamiento para residuos cloacales provoca la contaminación del río y del ambiente. A esto se suma la existencia de basurales a cielo abierto, una situación que tiene tintes de paradoja, ya que a pocos metros de la playa, en el barrio Río Paraná se encuentra emplazado el basurero municipal.
La conjunción de estos dos factores contaminantes genera un cóctel nocivo para la salud, no sólo de los vecinos de la zona, sino de la ciudad que se levanta sobre la castigada ribera del Paraná, la cual ya acusa serios daños ocasionados por la desidia y falta de conciencia con la que es tratada esta problemática.
Panorama
La polución en el Alta Gracia se puede apreciar con sólo dar una caminata por el extenso playón. Las aguas que bañan la costa traen consigo desperdicios fisiológicos de toda clase. El olor torna al aire mucho más que irrespirable, los gases emanados por el desagüe cloacal, además de las aguas servidas, genera que casi nadie deambule en la zona, otrora ámbito de malloneros y pescadores de costa.
A lo antes detallado hay que sumar los residuos esparcidos en las barrancas, donde sencillamente hay de todo: desde bolsas de nylon, escombros, residuos quirúrgicos (ver recuadro) hasta restos de animales muertos.
Esta situación no es nueva en la zona. Por el contrario desde hace varias décadas el mismo problema es denunciado de manera constante y sostenida. El nuevo inconveniente que se suscita, es que al crecer la ciudad hacia ese sector, la zona contaminada se halla cada vez más cercana a los centros poblados.
El barrio Alta Gracia ya no es más un descampado alejado del conglomerado urbano, ahora lentamente la zona ribereña se está poblando, por lo cual los allí residentes empiezan a sentir a flor de piel los problemas generados por la polución.
Tal el caso de las familias de ladrilleros, cuyo ámbito laboral es lindero al playón contaminado. Al igual que sus pares de Costanera Sur, las afecciones presentadas giran en torno de problemas epidérmicos, aunque algunos de ellos comentaron que los más pequeños suelen padecer problemas pulmonares.
Otro de los factores a tener en cuenta a la hora de repartir responsabilidades sobre esta situación es la notoria y recurrente presencia de camiones atmosféricos que descargan las aguas servidas de sus cisternas en adyacencias a las cañerías de la cloaca.
Cabe destacar en este sentido que sus propietarios no lo hacen en las costas mismas del río, sino en cercanías del sector poblado, un granito de arena más para el creciente médano de la contaminación. Hasta el momento, ningún organismo, ni área responsable desplegó accionar alguno para impedir esta dañina práctica.
Vivir “en” y “de” la basura
Continuando por la senda del poluido sur de la ciudad se encuentra el barrio Río Paraná, cuyo máximo cáncer es el basurero municipal emplazado en la zona baja de ese asentamiento. El receptáculo oficial de los residuos producidos en la ciudad fue creado en épocas en las que ese sector de la ciudad no era más que un gran monte. En ese sentido, al parecer sus mentores no se esperaban el crecimiento demográfico que hoy presenta la Capital.
El predio se encuentra actualmente sobresaturado en su infraestructura. La magnitud de la basura producida por la siempre creciente población capitalina colma con creces las posibilidades de contención del vasto predio, en el que según responsables de áreas de contralor de este servicio, sólo deberían depositarse ramas y hojas. Sobre esto queda a las claras que en el citado espacio se halla toda clase de residuos, no sólo vegetales.
Si bien ello no es un tema menor, la peor parte de esto se lo llevan las personas que residen en adyacencias al basurero, de la cuales un gran número hace de los desperdicios domiciliarios un ámbito laboral. Es que unas 25 familias diariamente remueven los desperdicios de otros en búsqueda de materiales reciclables preciados de valor.
Las personas permanecen gran parte del día insertos en los grandes montículos de basura que cubren la superficie de esa porción del barrio, exponiéndose a innumerables focos de infección que ponen en jaque su supervivencia. Todo ello en pos de hacerse una monedas para poder comer.
Como siempre las principales víctimas son los más pequeños, quienes colaboran con sus padres juntando botellas plásticas, aluminio, chatarra, nylon, cobre y demás metales.
Los mayores que trabajan en el lugar expresaron que sus hijos sufren recurrentes erupciones epidérmicas y problemas respiratorios, dos tipos de afecciones que van de la mano con la exposición a los contaminantes.
En ese aspecto, las familias se resignan a tener que lidiar con esta realidad, acusando serias necesidades económicas que los llevan a tener que elegir entre la basura o su propia subsistencia.
Un dilema que tiene un consabido desenlace, siempre negativo para la humanidad de los que más necesitan.
Vale destacar que todos los problemas padecidos en estos dos barrios de la ciudad pueden trasladarse en un futuro no tan lejano al casco céntrico.
Para impedir que eso suceda es menester que los organismos oficiales responsables de velar por la salubridad e integridad de las personas pongan manos en este asunto e impidan que la polución mantenga su marcha destructiva.
Por: Barrios de Pie | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
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