Jueves, 18 de mayo de 2006
14/05/2006
La tragedia de la Séptima, según el relato del único sobreviviente
Hugo Escobar es uno de los cuatro jóvenes que en la madrugada del 13 de enero quedaron atrapados en una revuelta que terminó con tres muertos. Al igual que ante la Justicia, le dijo a “época” que los policías los abandonaron a su suerte. Vive para contarla.
El único sobreviviente de los cuatro jóvenes que en la madrugada del 13 de enero quedaron atrapados en un voraz incendio en el pasillo enrejado de la comisaría Séptima de la ciudad de Corrientes, mantuvo una entrevista exclusiva con diario “época” y narró paso a paso lo ocurrido aquella noche.
Hugo Ariel Escobar (25) aceptó ser parte de la charla periodística para que la sociedad correntina sepa su versión de lo que recuerda como una pesadilla, que lo dejará marcado por el resto de su vida.
En la habitación de su casa, acompañado de su madre y otros familiares, el joven exhibió sin tapujo las secuelas físicas y con simpleza reafirmó los dichos que hace dos semanas escucharon de su boca la jueza y el fiscal de la causa.
El crudo relato cronológico de Escobar, de lo vivido en persona entre las 20 del día jueves 12 y las 4 del viernes 13 de enero, es el siguiente:
Al atardecer del 12 regresó del trabajo a su casa ubicada en el barrio Pío X y luego de permanecer por un rato salió hacia el domicilio de su patrón, para llevarle un radiograbador prestado.
Cerca de las 20.30, el joven emprendió el camino de a pie, pero cuando había recorrido apenas algo más de dos cuadras fue interceptado por un patrullero de la comisaría Séptima con varios agentes. “Me pidieron el documento y los papeles de la radio. Yo no los tenía y por eso me dijeron que tenía que acompañarlos a la comisaría”.
En la seccional Escobar fue obligado a entregar la billetera y un teléfono celular. Primero le vaciaron la billetera y luego ingresaron a la agenda telefónica. Hugo hizo hincapié en que uno de los policías le preguntó insistentemente en quién era una de las personas que aparecía nombrada en la memoria, aunque no supo precisar el por qué de tanta reiteración.
Sus familiares supieron de la detención a los pocos minutos. Por tal razón a la seccional llegó su madre, Ana María, casi de inmediato.
En la dependencia, la mujer dialogó con el comisario Marcos Toledo. El efectivo le pidió la “factura” de la radio, pero como no contaban con ella le habría dicho que por tal razón su hijo permanecería hasta terminar con la averiguación de antecedentes.
Escobar ingresó al espacio conocido como “inter celda” o “inter sala”, un pasillo enrejado, rodeado de una pared y un calabozo donde estaban privados de la libertad un grupo de jóvenes acusados de distintos delitos, entre ellos Ricardo Pared (17) -uno de los tres muertos- a quien le imputaban participación en el homicidio de un vendedor ambulante ocurrido a fines de 2005.
Hugo recordó que él, Sergio Daniel Romero (22) y Matías Martínez (16) -también demorados por averiguación de antecedentes y fallecidos días después- permanecían apretujados en el poco espacio que tenían, prácticamente sentados en el piso.
Pasada la medianoche, los presos de la celda contigua iniciaron un alboroto. “Golpeaban las rejas”, ya que pedían “sacar a uno que se tragó una bombilla”.
El detenido que estuvo atragantado con un trozo de metal era Pared, quien, se cree, de esa manera pretendía llamar la atención para poder salir de su encierro e ir al hospital donde su novia dio a luz a su hijo.
El reclamo estuvo atendido a medias. Pared fue sacado de la celda y colocado junto a Escobar, Martínez y Romero, algo que no aminoró la protesta. “Decían que no tenían la orden del comisario (para brindarle asistencia)”.
Un dato clave en la causa se refiere a cómo los presos revoltosos iniciaron el fuego. “Uno de los policías les dio un encendedor” tal vez bajo la creencia de que iba a ser utilizado para “prender cigarrillos”.
Sin embargo, allí comenzaría la tragedia. Trozos de colchones encendidos comenzaron a ser arrojados criminalmente a la sala de “demorados”, que se convertiría en algunos segundos en una trampa mortal.
Cuando las llamas cobraron fuerza los cuatro jóvenes se aglutinaron contra las rejas de la puerta, trabada con un enorme candado, mientras pedían a gritos que los ayudaran.
Los policías de la guardia, acusados de estar durmiendo, salieron en calzoncillos y no prestaron atención hasta que todo se convirtió en una bola de fuego “nos decían que no podían (abrir la reja) porque se iban a escapar todos”.
Turbado por los recuerdos de aquella madrugada, Escobar contó que el pequeño espacio donde estaban rodeados por el fuego (unos 3 metros por 4) era algo rojo “lleno de humo” y donde “no se veía”.
Movilizado por el ánimo de supervivencia, Hugo se agarró a las rejas de la puerta y trepó lo más que pudo. Detrás de él quedaron los gritos desesperados y la lucha cuerpo a cuerpo protagonizada por Pared, Romero y Martínez, desatada en el intento de lograr la salida que tardaría casi una eternidad. En esos instantes uno de ellos (Romero) gritaba “me muero quemado mamá, sacáme, sacáme!”.
Pese a estar aferrado a lo alto de las rejas Escobar sufrió las llamas en las piernas, los brazos, la espalda y parte del rostro. Y la acción del humo espeso que le llenaron los pulmones.
El joven recordó que al fin la puerta pudo ser abierta por personas a las que no pudo divisar con certeza. Todo era desesperación, empujones, gritos, dolor.
Después de salir del encierro, caminando con la ropa quemada y la piel en carne viva, Hugo y las demás víctimas quedaron en una oficina, mientras sus familiares pedían ambulancias que nunca llegaron.
Bomberos Voluntarios fueron los primeros en acudir, incluso antes que la Unidad de Bomberos de Policía.
A pesar de las gravísimas lesiones los cuatro tuvieron en esos instantes la fuerza necesaria para movilizarse por sí mismos: “me hicieron subir y bajar del patrullero caminando”. Y acusó que pedían “agua” y no les “querían dar”. Como la asistencia médica no llegaba alguien tomó la decisión de acompañar a los heridos en la parte trasera de una camioneta, arriba de -vaya paradoja- un colchón similar a los incendiados. Así viajaron hasta el hospital.
En el caso aparecen seis policías imputados por incurrir en el presunto delito de “abandono de persona en concurso real”.
A cuatro meses del peor momento de su vida, Escobar insiste en el pedido de Justicia y esboza un deseo: que no vuelva a suceder.
Por: Barrios de Pie | Medios | Comentarios (0) | Referencias (0)
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