Domingo, 16 de julio de 2006
Como en sus mejores épocas de campaña, el líder de la centroizquierda mexicana, Andrés López Obrador, volvió a copar ayer la imponente plaza del Zócalo, una de las mayores del mundo, para presionar con una gigantesca concentración de sus seguidores por un recuento de todos los votos de las elecciones del domingo pasado, las más reñidas de toda la historia del país.
Al grito unánime de "No estás solo, no estás solo", coreado por al menos 300.000 personas en la plaza y alrededores, el ex alcalde del Distrito Federal lanzó así una campaña apoyada en sus millones de seguidores, que incluirá a partir de ahora manifestaciones en todo el país. La próxima será aquí el miércoles que viene.
En paralelo, presentará impugnaciones a los resultados de la elección hoy mismo ante la justicia electoral y en los días que vienen ante la Corte Suprema de Justicia.
Miles de banderas y pancartas del Partido de la Revolución Democrática (PRD) se agitaban anoche, al cierre de esta edición, en el sitio más político de todo México, flanqueado por la imponente catedral del siglo XVI, la más majestuosa del continente. "No voy a traicionar al pueblo de México", dijo López Obrador, bajo un cielo encapotado y gotas esporádicas, mientras una atronadora salva de aplausos enmarcaba sus palabras.
Según el Tribunal Federal Electoral (IFE), el candidato del conservador Partido de Acción Nacional (PAN) en el poder, Felipe Calderón, ganó los comicios del domingo por apenas el 0,58% de los votos (unos 230.000 sufragios sobre 41 millones de votantes). Pero López Obrador y su partido han cuestionado a ese organismo afirmando que favoreció al postulante oficialista y que cometió muchas irregularidades. El PRD pidió que se cuenten todos los votos, algo a lo que el PAN se niega, y lo mismo el IFE, ya que está prohibido por la ley.
Antes del acto, López Obrador había dicho a los medios extranjeros —entre ellos, Clarín— que tiene pruebas de que el IFE usó un programa informático que favorecía a Calderón. Entre otras cosas, explicó, el sistema permitió presentar en pantalla votos en favor del PAN que aún no habían sido contados con el fin de instalar la idea de que la derecha iba adelante.
"Este es un caso típico de lo que ha sido históricamente la defraudación electoral en México. El PAN aprendió de las prácticas fraudulentas del PRI", que gobernó 70 años hasta el año 2000, comentó. Lo cierto es que la idea del fraude ya cuaja en la gente común, como comprobó este enviado caminando entre el gentío que se reunió en el Zócalo. Muchos llaman al día de los comicios "el fraude del 2 de julio".
Los carteles en la plaza —algunos de ellos conmovedores, escritos a mano en pulso tembloroso— daban una idea de la temperatura que envuelve a los mexicanos.
"Nadie nos quita la esperanza", decía una nota. "Democracia=paz. Fraude=violencia", afirmaba otro cartel. "Andrés Manuel, estamos contigo. No nos hagas lo que nos hizo (Cuahtemoc) Cárdenas", imploraba un tercero, aludiendo al líder a quien le hicieron fraude en el año 1988 y cedió la victoria. Todas las pancartas intimidaban por la pasión de sus reclamos.
"Si estánn seguros, ¿por qué la derecha no da un recuento?", preguntaba Filomena Gómez, una vendedora ambulante. "Hay que agregar a eso —terció Ciro Demetrio, un maestro de secundaria— que a la derecha le conviene porque legitimaría su mandato". En la misma sintonía Obrador preguntó: "¿Por qué no quieren que cuente de nuevo?¿A qué le tienen miedo?".
En rigor, el mismo razonamiento está siendo recogido por la prensa internacional, por observadores extranjeros y hasta analistas locales, mucho más expuestos a una guerra mediática que parece no acabar.
Ayer, el titular del PAN apareció en un aviso de TV hablando de "el presidente Calderón", algo incorrecto ya que no ha sido calificado aún como tal por el tribunal electoral, que debe antes resolver las impugnaciones.
En un editorial, el diario estadounidense The New York Times también llamó el viernes a un recuento de todos los votos y los observadores agrupados en Global Exchange pidieron lo mismo. Ayer, la misión europea de inspectores electorales abrió la puerta al conteo total, afirmando que daría más certidumbre a la ciudadanía.
"No queremos otra elección —dijo López Obrador ayer—, sólo buscamos que se cuenten estos votos".
Ahora muchos comienzan a cuestionar el apresuramiento que tuvieron EE.UU, España y Canadá en saludar a Calderón cuando no está dicha la última palabra.
"No hay un presidente electo. Todo es parte de una campaña de la derecha para instalarse como hecho consumado", comentó el líder del PRD, ante gritos y vítores de una de las mayores marchas de los últimos tiempos, que se repetirá en una semana, cuando la centroizquierda —disciplinadamente y en orden, como ayer— vuelva a poner cabeza abajo el Zócalo.
Ayer, a todo México parecía quedarle claro que, con estas movilizaciones, se le hará difícil al oficialismo esquivar el reclamo de casi la mitad del país. López Obrador lo subrayó varias veces en la jornada: "Esto apenas comienza".
Por: Barrios de Pie | Medios | Comentarios (0) | Referencias (0)
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